No hay experiencia más sublime y mágica que le de más fortaleza y ennoblezca a un corazón, que encontrar una verdadera amistad y vivirla al máximo como la más bella y grande bendición.

Sucede cuando los caminos se juntan en algún instante de la vida y en ese andar surge el compartir, el intercambiar, el aprender a tocar las puertas del alma, sin ninguna clase de presión sino con mucha calma, sabiendo esperar si es necesario o ingeniarse la forma de entrar, así sea subiéndose a una silla y por la ventana escalar, todo ese ritual implica tiempo, dedicación, deseos de conquistar y ganarse un lugar en ese corazón…

Y los días van tornándose diferentes, aunque para muchos parezcan igual, y en ese querer conocerse se descubren diocidencias, similitudes, diferencias que han de ayudar a hacer crecer y complementar… y sin darse cuenta la flor empieza a nacer y la vida de los amigos adornar, entre dos se ha de proteger y cultivar, alimentándola con detalles y sonrisas, nutriéndola con la oración, engrandeciéndola con lo mejor de sí mismos, confiándola en las manos de Aquel que nos enseñó, que no hay mayor amor que dar la vida por quien más se amó…

Y en ese caminar y compartir la vida, todo va tomando un nuevo sentido, el verdadero amigo sabe hacerse siempre presente, adivinar en que momento se ha de necesitar e ingeniársela sutilmente para estar ahí siempre contigo; es ahí cuando se ve con otros ojos, más allá de lo que a simple vista hemos visto, porque parece que nos observara siempre aunque no esté, que escuchará nuestro latir, reír o llorar, aún sin oídos, que nos hablará en el silencio, en la música, en el viento o en cualquier susurro o suspiro…

Es tan mágico este sentimiento que cuando surge y se instala, ahí se queda, supera cualquier barrera: de distancias, lenguajes, culturas y todo aquello que les diferencia se hace complemento, equilibrio, intercambio de talentos… Y logran entender lo que nadie comprende, aún sin necesidad de esforzarse por explicar lo que en lo más profundo se piensa o se siente; y se aprende a hablar sin palabras, con señas, signos, abrazos, silencios, miradas, jeroglíficos; es el lenguaje del corazón que no busca ninguna otra razón que renovar la esperanza, sanar todas las heridas, colmar los vacíos, acercarse cada día más a Dios, mantener siempre viva y encendida la fe y la ilusión…

Y así sabrás y sentirás, que hay SIEMPRE alguien ahí, sosteniendo tu silla para que alcances tus metas, ayudándote a levantar si se voltea, caes o tropiezas; te presta su corazón para que guardes lo que escondes en tu interior, te regala esos abrazos que te dan seguridad y protección; tiene siempre su mano extendida para guiar el alma cuando se siente perdida, sabe que palabra debe pronunciar o callar para aconsejar o consolar; también le roba un rayito al sol y le pide prestada una estrella al mismo Dios para mantener siempre encendido el cielo y veas luz a tu alrededor…

Un amigo es aquel capaz de decir: yo pagaré siempre por ti, se las ingenia para obsequiarte bendiciones, te regala mensajes, letras, colores y canciones, te enseña a percibir y sentir más allá de los sentidos; te toma de la mano y te ayuda a escribir las páginas en blanco de tu libro, o a esbozar la obra que el mundo contemplará de ti mismo; te inspira, te apoya, sin esperar nada más que verte volar y sonreír de verdad…

Y si algún día los caminos se deben separar, esa AMISTAD te enseñará lo que realmente significa permanecer SIEMPRE unidos aún sin ESTAR, es ahí donde actúan todos los sentidos, se ve, se escucha, se habla y se siente más allá. Y bastará una señal o un reportarse, para que se haga presente y acuda fielmente a tu llamado, porque a su lado para ti ya no existe la soledad…

Se podrían escribir muchas líneas de la magia y el poder de la amistad; pero ninguna lograría definir completamente lo que realmente ha de contemplar y significar; solo quien tiene la fortuna de vivirla es quien sabe y siente que ha hecho uno de los más hermosos sueños realidad, no todo el mundo tiene el privilegio y la fortuna de encontrar un amigo de verdad…

Gracias porque existes, te cruzaste en mi camino y te dejaste encontrar; es muy sublime caminar contigo, yo quiero que así mismo sientas que cuentas siempre conmigo…