Nunca olvidaré aquella noche,
cuando tus manos me acariciaron.
Embelesado dejaron mi cuerpo,
como incitante panal de miel.
 
Esclava a partir de ese instante
cada noche te extraño, te sueño
y en sueños, deseosa te invito a
libar mi exquisito dulce de piel.
 
Vuelve pronto amor mío
ansioso te aguarda mi ser.
Ven y aprieta mi cuerpo
mis poros el dulce destilan:
sacia tu sed bebiendo mi miel.
 
Enciende en mi una hoguera,
cuyo fuego nos devore a los dos
amarnos como ardientes volcanes,
que exhaustos de tanto placer,
calcinados yacen los cuerpos:
cenizas impregnadas de amor.
 
 
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